Después de visitar Bolonia y Módena, llegaba el turno de Parma, la tercera ciudad de la Emilia-Romagna que exploramos en este viaje. Un día intenso, y lleno de lugares que resumen la esencia de esta ciudad italiana tan elegante y tranquila. Te cuento qué hacer en Parma en un día a continuación.
Qué hacer en Parma en un día
Nuestro viaje arrancó con un vuelo desde Madrid hasta Venecia, un punto de entrada perfecto porque queríamos aprovechar para acercarnos al restaurante Hiša Franko, en Eslovenia, que está a pocas horas por carretera desde la propia Venecia, además de disfrutar de nuevo de un paseo por la ciudad de los canales.
Nada más aterrizar, recogimos el coche de alquiler y comenzamos la ruta hacia Bolonia, que fue nuestra base durante varios días. Como siempre, reservamos nuestro coche de alquiler en este enlace.
Para alojarnos elegimos un apartamento en Castenaso, una localidad tranquila situada en las afueras de Bolonia, muy cómoda para movernos por toda la Emilia-Romaña. Si quieres ver el alojamiento donde estuvimos, puedes hacerlo en este enlace de Booking.
Pasamos allí cuatro noches, lo que nos permitió organizar fácilmente las visitas a Bolonia, Parma, Módena y Venecia, todas a distancias muy manejables para recorrer en coche.
Ver la elaboración de queso Parmesano es algo imprescindible que hacer en Parma
Amanecimos temprano en nuestro apartamento en Castenaso y pusimos rumbo a Parma, a unos 95 km de distancia. El motivo de madrugar tenía nombre propio: teníamos reservada una visita al Caseificio San Pier Damiani, uno de los templos del Parmigiano Reggiano, uno de nuestros quesos favoritos.
Nada más llegar nos dieron batas, cubrecalzado y gorros, porque la visita se realiza en plena producción real, dentro de la fábrica.
Recorrimos las salas donde comienza la elaboración del Parmigiano Reggiano, viendo cómo trabaja la leche en enormes calderas de cobre. Después observamos cómo esas grandes masas pasan a los moldes y cómo el queso entra en la fase de salatura, el baño de agua salada que le da parte de su identidad.

Tras eso nos llevaron a la cámara de maduración, un auténtico paraíso quesero: cientos de ruedas perfectamente alineadas, envejeciendo durante meses —o años—. Allí nos enseñaron la técnica del martillo, con la que se evalúa mediante el sonido si la rueda tiene la estructura ideal.
La visita terminó con una degustación de queso Parmesano 12, 24 y 36 meses, y aprovechamos para comprar un pedazo de 50 meses, una producción muy limitada. Oro puro.

Vistas de Parma desde el Ponte di Mezzo
Desde el caseificio pusimos rumbo al centro de Parma y aparcamos cerca del Ponte di Mezzo, uno de los puentes más fotogénicos de la ciudad. Desde ahí se obtienen vistas preciosas del río Parma y del casco histórico, un lugar perfecto para tener una primera impresión de la ciudad.

Palazzo della Pilotta, un lugar imprescindible que visitar en Parma en un día
A pocos pasos del puente se encuentra el Palazzo della Pilotta, uno de los complejos culturales más importantes de Parma. Dentro se alojan: El Museo Arqueológico Nacional, el Instituto d’Arte Paolo Toschi, La Biblioteca Palatina, El Museo Bodoniano y el espectacular Teatro Farnese.
El conjunto es enorme, pero se visita de forma muy fluida, pasando de un espacio a otro sin artificio ni necesidad de profundizar demasiado en historia para disfrutarlo.

El Teatro Farnese fue, sin duda, lo que más nos impresionó: uno de los tres únicos teatros renacentistas que existen, junto al Teatro all’Antica de Sabbioneta y el Teatro Olimpico de Vicenza. Entero construido en madera, monumental, cargado de atmósfera… una de esas joyas que convierten una visita a Parma en algo especial.

Galería Nazionale y la Biblioteca Palatina
Antes de salir del complejo visitamos la Galería Nazionale di Parma, donde se encuentra una obra que merece el paseo por sí sola: La Scapigliata de Leonardo da Vinci. Una pieza pequeña pero absolutamente hipnótica.

Justo después entramos en la Biblioteca Palatina, que fue una de las sorpresas del día: estanterías de madera, volúmenes antiguos y una luz tenue que te hace bajar la voz sin que nadie te lo pida. Un lugar imprescindible que ver en Parma.
Bocadillos de pesto di cavallo
Tras un buen paseo por la Piazza Garibaldi y el Portici del Grano, nos dirigimos al lugar más famoso para comer en Parma de forma rápida y local: Pepen.
Aquí se viene a pedir el mítico bocadillo de pesto di cavallo, un tartar de carne de caballo cruda, que te preparan al momento. El local es un auténtico caos encantador: pequeño, lleno, y tú intentando hacerte hueco para pedir.
El bocadillo lleva pesto de caballo, pepinillo, una salsa suave y un pan blanco tierno que lo remata todo. Como el 90% de los que allí nos encontramos, lo comimos, fuera, de pie en la callie. Un bocado delicioso y 100% Parma.

El sabor de Parma
Ya entrada la tarde paseamos hasta la Piazza Duomo y seguimos dejándonos llevar por las calles de Parma hasta que nos apeteció tomar algo. Elegimos Tra l’uss e l’asa, un local pequeño y auténtico en el centro histórico.

Cayó alguna botella de buen lambrusco (en formato tipo cerveza, muy cómodo para no pasarse) y pedimos dos tablas: Una de embutidos locales y otra de quesos, con un Parmigiano Reggiano de 24 meses. Ambas tablas eran un pequeño resumen de la gastronomía de Parma: producto, tradición y sabor, sin artificios. Perfecto para cerrar el día.

Parma es una ciudad tranquila, elegante y profundamente ligada a su gastronomía. En un día puedes combinar cultura, historia, paseos bonitos, productos únicos y alguna que otra sorpresa culinaria como el bocadillo di cavallo.
Un destino imprescindible en la Emilia-Romagna, perfecto para complementar una escapada a Bolonia o Módena.
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